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Desde los años 40 hasta los 80

Transcurrió una época muy difícil para nuestro negocio ya que el café verde quedó dentro del llamado Comercio de Estado, y el Ministerio de Comercio era el único que podía importarlo y distribuirlo.

El aislamiento internacional posterior a la Guerra Civil, la postguerra y la autodenominada autarquía convirtió el café en una mercancía escasa y de mala calidad. La achicoria y el malte, productos que tradicionalmente habían sido los poco exitosos sustitutivos del café, aumentaron su consumo en España de forma exponencial debido a la escasez de café y a sus precios prohibitivos, seguramente los que los consumían se hicieran la ilusión de que tomaban el más exquisito de los cafés. En esta época, años 1940-50, se acuñó la célebre frase “café, café” con la que se intentaba persuadir a los clientes de algunos establecimientos de que allí solamente se empleaba café para elaborar la bebida. Durante casi cuarenta años el comercio del café verde fue monopolio del Estado, quién fijaba las calidades y los orígenes de los cafés que luego vendería a los industriales torrefactores, además, no sólo fijaba el precio de la mercancía en verde si no también el precio de venta al público que se debía cobrar al consumidor final. El Comercio de Estado (y posteriormente el Código Alimentario) no permitía, entre otras cosas, la venta de café mezcla de natural y torrefacto ni en grano ni molido algo que hoy resulta impensable. Hasta 1958 la venta al público de café no estaba reglamentada en el sistema de envasado, se vendía a granel y en las tiendas de comestibles se guardaba el café en una lata o un pequeño bidón y de allí se introducía en una bolsa pesándolo ante el cliente, fue la Reglamentación Técnico Sanitaria de ese año la que al introducir innumerables modificaciones en lo tocante a formatos de venta obligó al sector a vender todo el café envasado en formatos de 50 grs, 100 grs, 250 grs, 500 grs, 1000 grs y 2.000 grs, y ni uno más, pero sin mezclar entre natural y torrefacto y sin moler. Ello nos llevó a la adquisición de las máquinas más modernas para la confección del café envasado manualmente en formatos desde 50 gramos a 2 Kilos tal y como el reglamento indicaba.

Esta disposición obligaba también a la colocación de unas llamadas “Precintas de Garantía” que, pese a su nombre, realmente no garantizaban nada. Estas precintas, curiosamente, no eran un impuesto como las que llevaban los sucedáneos y las que siguen llevando hoy en día los licores, ni las emitía Hacienda sino la Comisaría de Abastecimientos y Transportes y las vendía a los torrefactores el Grupo Sindical correspondiente. Esta legislación tan paternalista y encorsetada hizo que existiesen cerca de 500 empresas cafeteras casi todas ellas locales y muchas de ellas muy pequeñas que con el paso del tiempo han ido desapareciendo, hoy quedaremos poco menos de 100 tostadores. En 1964, al fallecimiento de mi padre me hice cargo de la empresa, y en ella he estado desde los veintitrés años hasta los sesenta y cinco, edad a la que me jubilé. Toda mi vida. Pero sigamos con la historia que si no perderemos el hilo. Buscando una modernización muy necesaria, en 1965, nos trasladamos desde la Calle Santiago a los bajos del nº 28 de la calle Minas, en la zona de Miguel Servet-Las Fuentes. Posteriormente, una vez llegada la Transición, también al café le llegó la hora de liberarse de tanta reglamentación y burocracia, así el Ministerio de Comercio del gobierno de la UCD presidido por D. Adolfo Suárez , “de acuerdo con la política del Gobierno de lograr una mayor libertad del mercado” decide que ya es hora de “poner fin al régimen de Comercio de Estado para el café” y publica el Real Decreto 1765 de 8 de Julio de 1979, por el que deroga el sistema de Comercio de Estado sustituyéndolo por la libertad de mercado para comprar café verde. Así, después de los ocho meses de plazo para adaptarse al nuevo sistema, a partir del uno de Marzo de 1980 quedó en completa libertad la importación de café que había estado totalmente prohibida durante 40 años, se acabó el contrabando de café desde Portugal y el comprar lo que mandaba el ministerio, desde ese momento cada torrefactor se enfrentó a un mundo nuevo y desconocido, la libertad de mercado.

Después de la liberalización del café verde, le tocó al tostado y las limitaciones a su comercio desaparecieron con el Real Decreto 1597/1982 de 9 de julio que modificaba el Código Alimentario de 1967, y se pudo empezar a vender el café de tueste natural y torrefacto mezclados. Este mismo Decreto establecía que a partir del 1 de Enero de 1983 también se podría vender también café molido. Todos los industriales españoles, excepto los canarios a quiénes no había afectado la normativa del “Comercio de Estado”, tuvimos que aprender lo concerniente a la compra del café en el mercado internacional, necesidad que, como ya hemos visto, había estado cubriendo el Estado. Ello supuso una catarsis del sector y la piedra de toque del aumento de la competencia, ya que aparecieron las empresas torrefactoras multinacionales, de la diferenciación en los productos, cada uno podía comprar y vender lo que estimase más oportuno y de la desaparición de multitud de empresas cafeteras, todas las que no supieron adaptarse a los nuevos tiempos fueron, poco a poco, cerrando o vendiendo a empresas más grandes. En la calle Minas estuvimos dieciocho años, hasta 1982 cuando, imposibilitado el crecimiento de las instalaciones en medio de la ciudad, nos volvimos a trasladar a la ubicación actual, en la zona industrial de la Carretera de Castellón cerca de La Cartuja Baja. Desde entonces estamos en el Polígono Industrial San Valero, situado en la Carretera Nacional 232, recientemente convertida en moderna autovía con el nombre de “A 68”, ocupando desde esa fecha la nave 83 y desde el 2009 ampliándola a la 95. La calidad continuada de nuestros cafés siempre ha sido una obsesión para nosotros por lo que en cuanto en 1982 nos trasladamos a las instalaciones nuevas instalamos un laboratorio en el que mejor evaluar las mezclas de café que posteriormente comercializamos y sobre todo comprobar la calidad del café verde a su recepción mediante el procedimiento denominado “cata a la brasileña” (ver pág 39). También controlamos la calidad del tueste sometiendo al grano a diversos procesos de comprobación de color, humedad y sabor. En 1988 la Empresa toma la forma jurídica de Sociedad Anónima, denominándonos desde entonces “Cafés El Criollo Sociedad Anónima” y en 1990 y con la vista puesta en el aumento de la cuota de mercado en el mercado de hostelería de Aragón, desde Cafés El Criollo absorbimos a la empresa torrefactora Lacasa 2, SL.

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